Comiendo arena.

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Comiendo arena.

Mensaje por Destino el Mar Feb 01, 2011 3:16 pm

El arrullo del agua al lamer la costa era la música de ese escenario, algunas gaviotas llegaban a gritar por las lamentaciones de la muerte del día que parecía desangrarse ene l cielo por el profundo naranja con el que se había teñido. El sol ya se había perdido en el horizonte y apenas quedaban unos minutos de luz antes que la noche fuese reina de ese momento de las 24 horas. La playa estaba vacía, era un día entre semana y al parecer los habitantes de Fortuna se preocupaban más por el trabajo y el estar tranquilos en su casa que en la playa.

Un pequeño niño estaba sentado en la arena, sus piernas cortas estaban extendidas en un ángulo recto y su cuerpecito se inclinaba hacia delante mientras sus manos acariciaban una gran montaña de arena húmeda. Esa montaña, si se prestaba atención, se vería como una torre en miniatura, con el detalle de sus ventanas, ladrillos e incluso las conchitas marinas que había recogido servían de adornos en la parte superior. Su rostro estaba cubierto, en gran parte, por su cabello que cegaba sus ojos y su boquita sin expresión se mantenía semi abierta mientras se concentraba en tallar con sus dedos unas rocas a un lado de la torre. Vestía una camisa que podría pertenecer a un niño que le duplicase la edad por el tamaño y unos pantalones que estaban arremangados en la parte baja dejando ver sus pies descalzos y sucios. Sus ropas también estaban sucias y a simple vista parecía un niño vagabundo, aquellos que tantas madres, desalmadas o presas de las circunstancias dejaban a sus hijos en los brazos del destino.

El pequeño miró sus manos llenas de arena y relamiendo sus labios se percató del sabor salado de estos y llevó sus dedos a su boca donde los lamió y procedió a mascar los granos de arena que llegaban. En sonido de los minúsculos cristales y rocas contra sus dientes le erizaron y emitiendo un quejido de asco sacó su lengua y pasó sus manos por esta intentando quitarse la arena aunque solo lograba lo opuesto. Un quejido se arrastró en su garganta y se levantó un tanto tambaleante con su boca abierta y lengua rosada y arenosa fuera. Comenzó a caminar hacia el agua derrumbando el castillo de arena en el camino al pisarlo sin lastima.
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Re: Comiendo arena.

Mensaje por Jace Beleren el Miér Feb 02, 2011 6:09 am


Había sido un día deplorable. Desde el trágico evento ocurrido en el valle, la agenda del alquimista se había vuelto más estrecha, y sus investigaciones habían sufrido una aceleración inesperada. Estaba más que claro que en algún rústico ambiente como lo era, para él, la zona de las bestias, no iba a conseguir demasiada información con respecto a la materia que le interesaba. Para nada. Aquel lugar cumplía otra función, pero eso... eso es algo que en otro momento se tratará.

Precisamente por la carencia de fuentes que tenía en los alrededores de su residencia es que se vio obligado a trasladarse momentaneamente a la ciudad de Fortuna. No era la primera vez que la visitaba, y en cada momento había procurado mantener un perfil bajo... o bueno, lo más bajo posible, considerando que su personalidad no era mi dada a no llamar la atención. Alquiló una habitación en un motel de mala muerte, y allí descansó en los pocos ratos en que no se encontraba vagando por las calles, librerías o bares de la ciudad, entre otras localidades. Tenía a viejos conocidos de trabajos anteriores. Los dueños de un par de tiendas de antiguedades, cuyo capital rozaba la bancarrota, pues pocos clientes creían en el valor que tenían aquellos objetos; uno que otro barman, empleo perfecto para ponerse al día con distintos temas. Pero no importaba a cuántos visitara, ninguno le podía señalar el curso que debía seguir en sus averiguaciones. ¿Qué podía esperar? Perseguía prácticamente un mito, y uno que era estudiado por una ciencoa poco popular en su época.

Cansado, y de mal humor -como si esto último fuese una novedad en él-, decidió vagar por las avenidas de Fortuna mientras organizaba sus ideas. Para ese momento vestía un atuendo no muy diferente del habitual: un pantalón marrón, de apariencia vieja y desgastada, en compañía de una suerte de armadura ligera, de cuero, que protegía su torso. Sus antebrazos se encontraban ocultos bajo unas protecciones de cuero que recorrían desde el dorso de la mano hasta debajo del codo, y un hermoso anillo con una piedra, bastante semejante al zafiro, engarzada, decoraba el dedo índice de su diestra. Pero por encima de todo eso, una amplia túnica de color azul marino ocultaba lo que había en su interior, y su capucha, en uso, mantenía el rostro del dragón parcialmente oculto en las penumbras.

Fue en esa caminata sin sentido, a la espera de que cayese la noche, que pasó por las inmediaciones de la playa. Atisbó, algo lejos de él, la presencia de una única criatura en el lugar: un pequeño niño. Su mirada viajó a un lado y luego a otro, en búsqueda de los padres del infante, pero no se veía a nadie más. Permaneció allí, quieto, mientras espiaba los actos del pequeño, hasta que éste ingirió la arena y se levantó, aplastando en el acto su torre. Una media sonrisa se formó en el rostro masculino, un poco entretenido con el asunto. Visto de cierto modo, se burlaba de la ingenuidad del crío.

Dado que no tenía nada mejor que hacer en las próximas horas, desvió su curso hasta avanzar por la playa. Sus pesados pasos dejaban huellas en la arena, pero éstas se borraban un poco al arrastrarse la parte inferior de la túnica sobre los granos. Las manos del visitante se juntaron la una con la otra, y al separarse, se produjo algo de estática entre las palmas, al mismo tiempo en que a su paso se impregnaba el refrescante olor característico de la menta. Al alcanzar el punto en el que antes estaba el niño, se hincó, posando sus manos alrededor a los costados de las ruinas de la torre.

Súbitamente se produjo un leve estallido de luz en el punto en que se encontraba la infraestructura, mientras la arena de ese sector adquiría el mencionado aroma anteriormente. Los granos comenzaron a moverse, como dotados de voluntad propia, trasladándose y uniéndose los unos con los otros hasta adoptar la antigua forma de la torre, pero la transformación no llegó hasta ahí. Poco a poco se formaron delante de él tres torres más, cada una en la esquina de un castillo de aproximadamente veinte centímetros de alto. A su alrededor, una pequeña muralla de arena se erigió para proteger la morada del arremeter del agua. Una burda exhibición de pericia ante un niño que seguramente no podría diferenciar la alquimia de un vulgar acto de algún circo.


- Deberías tener más cuidado con tus creaciones, pequeño.
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Re: Comiendo arena.

Mensaje por Destino el Miér Feb 02, 2011 8:10 pm

El pequeño había corrido hacia el agua y metido sus manos en las olas que acariciaban de manera calma la costa. Había caído de rodillas de forma torpe y su ropa estaba húmeda y llena de arena. Con sus manos junto agua y la pasó por su lengua limpiandola de los minúsculos cristales y rocas que hacían que se le herizara la piel al morderlos. El cambio del ambiente así como el olor a menta le hizo girar el rostro sin expresión, sus labios entreabiertos goteando agua salada de mar y su mentón mojado goteaba sobre la camisa grande que al bajar sus brazos, las mangas cubrieron sus manos. Se levantó y se acercó al dragón.

- Nee... - la vocecita infantil se arrastró curiosa - ¿Que hace, señor? ¿Por que construye lo que se destruye? ¿Por que se mete en los asuntos de quien no conoce? - alzó la mirada pero esta no se veí por el espeso pelo gris del menor. Solo quedó así esperando respuesta, no se mostró exaltado, emocionado o nada, solo indiferencia al "acto de magia" del otro.
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Re: Comiendo arena.

Mensaje por Jace Beleren el Jue Feb 03, 2011 11:59 pm


El dragón se puso una vez más de pie, un poco orgulloso de su obra de arte realizada en la arena. Observó cómo el niño se acercaba, y en ese instante bajó la mirada para poder verle a los ojos, lo cual, por cierto, no consiguió. Oyó atento a sus palabras, esperando oír algún "Wow, ¿cómo lo hizo?", "¡Está genial!", o algo similar. En su lugar, lo que escuchó fue al pequeño cuestionar sus motivos, lo cual hizo temblar una de sus cejas, con asomo de mal humor. "¿Es que estos críos de hoy en día no se sorprenden con nada? Desgraciada juventud insípida.", pensó al mismo tiempo en que soltaba un bufido.

Carraspeó la garganta, fingiendo aclarar la voz, mientras buscaba unas adecuadas respuestas para el infante que se encontraba ante él. Con sus brazos cruzados, y creyendo que sabía qué decir, articuló.


- ¿Es que no es esa la ley de la vida? ¿El interminable ciclo? Vivir, morir. Destrucción y reconstrucción. Y ese es mi oficio, moldear a mi antojo. - Habló como se le hablaría a un niño pequeño, que no es que el contrario no lo pareciera, al momento de intentar inculcársele sobre alguna nueva materia. - Y, con respecto, a tu segunda pregunta, sólo la puedo contestar citando las sabias palabras de los antiguos filósofos... - Infló su pecho por unos segundos, con orgullo, para finalmente exhalar todo el aire contenido y bajar una vez más la mirada, ahora más seria, y rompiendo cualquier aire de sabiduría que pudiese haber desprendido con su anterior respuesta. - Me meto porque quiero. Y nada de preguntar que porqué quiero. Conozco a los niños pequeños como tú.
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Re: Comiendo arena.

Mensaje por Destino el Vie Feb 04, 2011 4:19 pm

El niño le escuchó con atención, siempre con aquella expresión insípida, sin arruga que mostrase una emoción en su rostro más que sus labios entreabiertos asomando apenas sus dientecitos blancos. Asintió una única vez con su cabeza, con fuerza y energía sacudiendo sus cabellos, pero como si estos estuviesen pegados a su rostro, no fueron vistos sus ojos. Con las últimas palabras del otro sonrió y llevó sus manos enfundadas en las largas mangas a su boca para cubrir la tierna risa infantil.

- Jejeje~ ¡Tienes las cosas al revés! - se acercó un paso al castillo y se inclinó para mirarlo con más detalle. - Se crea y después se destruye. - y dicho esto adelantó sus manos empujando dos de las columnas que a su vez destrozaron casi la mitad del castillo dejándolo como una montaña de arena. Se levantó y con el pie empujó la tercera torre. Con su contacto el aroma a menta desaparecida con brusquedad siendo sustituido con el olor fuerte del agua salada que el viento arrastraba.

Volvió a alzar su mirada al mayor y la sonrisa seguía en su rostro, una sonrisa dulce y amable, una sonrisa inocente de infante. - Y conozco a los adultos grandes como tú. Creen que lo saben todo solo por que son grandes y el orgullo no les deja preguntar así como el egoísmo no les deja responder. - La sonrisa se borró y se acercó más al otro parándose sobre la montaña de arena para llegar más cómodamente a ver el rostro. Su mano se alzó con un dedo acusador de uña sucia que se asomó por la manga, la cual había resbalado por su brazo hacia atrás por el ángulo de la extensión del miembro, sus labios se arrugaron en un puchero - ¿Por qué tiene la cara rallada? - la pregunta fue dicha con exigencia y terquedad, pidiendo una respuesta que no fuese “Por que sí”, la terquedad del menor demostraba que no le aceptaría nuevamente esa respuesta.
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Re: Comiendo arena.

Mensaje por Jace Beleren el Mar Feb 15, 2011 5:42 pm


Observó cómo el pequeño se dedicó a destruír el castillo que el alquimista había realizado para él. Ante la caída de cada torre, el párpado del varón temblaba de disgusto. De haber sabido que el chico iba a tener aquella reacción, seguramente ni se hubiera molestado en aproximarse o presumir de sus habilidades. Pero decidió calmarse. Es tan solo un chico, pensó. No debía ahorcarlo, ya que aún el pobre tenía toda una vida por delante. Exhalando un suspiro, contuvo su malhumor.

- Se crea y luego se destruye, pero también se destruye y luego se crea. Es un ciclo. Es como los muebles. Se destruye a los árboles y con sus restos se crean sillas, mesas, y toda esa parafernalia.

Y hubiera continuado con la exposición de no ser porque oyó las nuevas palabras del chico. Escuchó cómo decía que los que son como él "creían" saberlo todo, que su orgullo no les permitía preguntar, o su egoísmo tampoco responder. Sus dientes rechinaron brevemente cuando apretó la mandíbula con enfado. Recordándose a sí mismo lo ya sabido: aún era un niño. No sabía lo que hacía. Llevándose una mano al rostro, se acarició brevemente el puente de la nariz, haciendo acopio de toda su (escasa) paciencia.

- Dudo que conozcas a los adultos como yo. No me pongas al mismo nivel que la plebe. Yo no CREO saberlo casi todo. Yo SÉ que lo sepo casi todo. Tal vez no todo, de serlo así, sería una vida aburrida, pero bueno, ese no es el tema. ¿¡Y CÓMO DIABLOS QUE MI EGOISMO NO ME DEJA RESPONDER!? ¡SI ANDO DÁNDOTE LECCIONES SOBRE LOS CICLOS DE LA VIDA Y TODAS ESAS TONTERÍAS! - Su respiración se agitó por unos segundos. Se veía que estaba a punto de perder los estribos, pero consiguió detenerse a tiempo. Sin embargo, no pudo continuar con el mismo tema, pues a la brevedad el infante realizó una nueva pregunta, ésta orientada hacia los tatuajes en el cuerpo del alquimista. Éste sonrió ante la oportunidad de una pequeña burla, limitándose a contestar. - ¿Es que no lo sabes? Estos tatuajes son la última moda. Deberías pedirle unos similares a tus padres cuando vuelvas a casa.
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